“La Indagación” de Peter Weiss

“Oí cómo uno gritaba ‘Quieren matarnos’ Pero otro respondió: ‘No puede suceder eso. Quédense tranquilos.’ Y si los niños lloraban, sus padres les consolaban y jugaban con ellos, mientras eran llevados a la cámara de gas.”
-Peter Weiss, La Indagación, p. 398.

knjcdnlPeter Weiss, refugiado en Londres a la llegada de Hitler al poder, comienza su carrera literaria haciendo gran crítica a todo lo acontecido a su alrededor. Su primera obra, Persecución y asesinato de Jean Paul Marat representado por el grupo escénico del hospicio de Charenton (más conocida como Marat/Sade), muestra todas sus ideas políticas y hace una representación teatral del personaje histórico Jean-Paul Marat. Entre otras obras de teatro escritas por este autor están: Discurso sobre Vietnam, Trotski en el exilio, Höelderlin, De cómo el señor Mockinpott consiguió liberarse de sus padecimientos y, una de las más conocidas, La Indagación.

La indagación, una obra dividida en once cantos, escrita en el año de 1965, relata lo acontecido en los campos de exterminio durante la segunda guerra mundial. Es una narración cronológica que parte desde los viajes en los vagones (similares a los que se ocupaban para el transporte de ganado) donde iban siendo transportados millones de seres hacia su aniquilación. Se presentan a ocho testigos, que refieren tan sólo a aquello que centenares de presos vivieron. Los nombres de los acusados que se mencionan en la obra fueron sacados del proceso real en Núremberg, en el cuál el mismo Peter Weiss se presentó como testigo.

Cada uno de los cantos recibe por título lo más significativo de éste mismo. Conforme los cantos van avanzando, las testificaciones y relatos van siendo cada vez más crudos y con una gran carga de fuerza emocional. Peter Weiss deja en claro, en el último canto, que lo que se está representando allí, en el escenario, no es ficción. Nos presenta cifras reales que constan en registros existentes. El testigo siete menciona todas las cifras de los muertos que se dieron en aquella guerra de exterminio, además de diversas ocasiones en las que existió gente que logró sobrevivir por azar, mientras otros millones no corrían con tanta suerte.

“De los nueve millones seiscientos mil perseguidos que vivían en los territorios dominados por sus perseguidores desaparecieron casi seis millones, y hay que suponer que la mayoría de ellos fueron deliberadamente liquidados. El que no fue fusilado, golpeado, torturado hasta morir, o asfixiado por el gas, encontró su fin por exceso de trabajo, hambre, enfermedad o miseria. Sólo en este campo fueron asesinados más de tres millones. Pero para calcular la cifra total de víctimas indefensas caídas en esa guerra de exterminio debemos añadir a los seis millones de asesinados por motivos racistas, los tres millones de prisioneros de guerra soviéticos fusilados y dejados morir de hambre, así como los diez millones de ciudadanos civiles que hallaron la muerte en los países ocupados” (Ibid.,p.402).

El testigo uno figura como parte de la dirección del campo, y se encuentra en el límite entre pertenecer a los testigos o acusados, puesto que, no formando parte de los presos, jamás prestó sus servicios al maltrato de éstos.

En la obra se habla del muy afamado Doctor Mengele, aquél médico alemán y oficial del campo de concentración en Auschwitz, conocido principalmente por seleccionar a los presos que irían a las cámaras de gas y por realizar experimentos acientíficos y mortales con los prisioneros. Igualmente, se habla de cómo llegaba al bloque de niños, muy confiado y alegre, donde los niños lo llamaban tío antes de ser descuartizados en su laboratorio. Experimentos con mujeres, donde recibían inyecciones de cemento, y se llevaban a cabo los primeros experimentos de inseminaciones artificiales, en los que, si acaso lograba a realizarse un embarazo, se provocaba el aborto cuando se llevaban siete meses de gestación. Pruebas de rayos X, instrumentos de tortura, fusilamientos, enfermedades, plagas, golpizas, frío, suciedad. Todo haciéndose con gran rapidez y eficacia. Campos de castigo les llamaban, según uno de los acusados; los enemigos del país estaban ahí para ser educados a otro modo de pensar. “Sólo un extracto de todo esto puede escenificarse, extracto que no debía contener más que hechos objetivos, puesto que una reconstrucción de este tipo se le figuraba al autor del drama tan imposible como lo sería la propia escenificación del campo” (Ibid., p. 2).

La obra original, completa y sin pausas, tendría una duración de aproximadamente ocho horas y media. Las intenciones del autor al crear un drama de tal extensión eran, precisamente, desesperar al público. Según Peter Weiss, el punto de la indagación no es ni era entretener, era hastiar a la gente a tal grado que no quisieran volver al teatro en meses, era mostrar la realidad de un modo tan crudo y poco didáctico que la audiencia tuviera ganas de salirse a la mitad de la función. No es un tema por el cuál uno deba divertirse, según Weiss, es un tema que debe ser incómodo para toda la raza humana. Una guerra de exterminio no es algo que deba servir para generaciones venideras como un foco de diversión y entretenimiento.

La última vez que esta obra se presentó en México fue hace más de cuarenta años, completa y al pie del texto. En diversas ocasiones más recientes, compañías de teatro experimental han hecho esta obra con ciertos recortes y modificaciones en el texto a modo de que logre ser más comprensible y entretenido para el público, aunque el mismo Weiss hubiera estado en desacuerdo con ello. En diversas representaciones que ya han sido reducidas a tan sólo dos horas y media, el público sale aún pensando que deberían haberlo recortado. No se pueden recortar los hechos. No se pudieron recortar los años en los que se asesinaron y torturaron a millones de perseguidos que vivían en los territorios dominados por sus perseguidores, a los seis millones de asesinados por motivos racistas, a los tres millones de prisioneros de guerra soviéticos fusilados y dejados morir de hambre, así como los diez millones de ciudadanos civiles que encontraron su muerte en los países ocupados. Nada de esto pudo recortarse en la realidad.

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