Escenas de la vida bohemia

“Hoy, como en otro tiempo, todo aquel que desee cultivar las artes sin otro medio de existencia que el arte mismo, tendrá que pasar imprescindiblemente por los senderos de la Bohemia”.
Henry Murger, Escenas de la vida Bohemia

Los bohemios que se tratan en ese libro no tienen nada que ver con los bohemios que tratan diversos dramaturgos: bohemios que han sido confundidos con ladrones y malvivientes. Tampoco se trata de agiotistas, vendedores de cadenas, domadores de osos, ni otros “mil industriales misteriosos y vagos cuya principal industria consiste precisamente en no tener ninguna, hallándose siempre dispuestos a hacerlo todo, menos el bien” (Henry Murger, Escenas de la vida bohemia, p. 9). Murger logra relatar escenas de un grupo de artistas que viven el día a día, con la verosimilitud que sólo puede tener aquel que lo haya vivido, aquel que haya vivido hambre, frío, hastío, soledad y, a pesar de esto, logra encontrar la felicidad en un verso, en una pintura, en un par de notas musicales.

La trascendencia que ha tenido este libro se ha podido ver en múltiples creaciones posteriores a su publicación. La Boheme, ópera en cuatro actos de Giacomo Puccini, es una clara adaptación de las historias que Murger nos presenta, incluso usando personajes con los mismos nombres. Y mucho tiempo después de esto, una obra de Broadway inspirada en los mismos personajes (RENT), escrita por Jonathan Larson, es una adaptación muy fidedigna del texto y de la ópera de Puccini, a pesar de estar envuelta en el entorno neoyorquino de los noventas.

Cabe señalar que el termino bohemia apareció por primera vez en el siglo XIX, y fue utilizado por Henry Murger en el texto del que aquí hablamos. Los primeros bohemios denominados como tal, llegaron desde la región de Bohemia, en la actual República Checa, para asentarse finalmente en Francia. La bohemia que se trata en el texto, no es una raza nacida hoy, sino que ha existido siempre y en todas partes, que se puede reivindicar en ilustres orígenes: aquellos dedicados en la antigüedad a la lira, aquellos trovadores, o, como el autor los llama, “vagabundos melodiosos” que atravesaban los países cantando. Y a pesar de la transición que se fue haciendo en los tiempos de las órdenes de caballería y el renacimiento, la bohemia continuó recorriendo todos los caminos, pero finalmente se asentó en París.

Cuando llega el gran siglo del renacimiento, Miguel Ángel sube los andamios de la Capilla Sixtina y el joven Rafael asciende las escaleras del Vaticano. Aquella fiebre de genio estalla moviéndose por toda Europa. El arte, rival o aliado de Dios, va borbotando por donde se pueda voltear. Ya en el siglo XVII, la lista de la bohemia contiene algunos nombres que figuraron en el gremio de la literatura de Luis XIII y Luis XIV, tiene acceso al palacio del cardenal, colaborando con el poeta ministro, que fue el Robespierre de la monarquía, en la tragedia Mariana, se bate a duelo bajo los faroles, en pro del soneto de Ucrania contra el soneto de Job. “La bohemia se dedica al amor, a la guerra y hasta a la diplomacia; y en su vejez, cansada de aventuras, pone en verso el Antiguo Testamento, escribe al margen de todas las hojas de beneficios, y, bien nutrida por pingües prebendas, se sienta en una silla episcopal o en un sillón de la Academia, fundada por uno de los suyos” (ibid., p.10)

Durante la transición entre los siglos XVI y XVIII fue cuando aparecieron dos grandes genios que oponen entre si las naciones donde vivieron en sus luchas de rivalidad literaria, Moliere y Shakespeare: esos ilustres bohemios cuyo destino ofrece tantas semejanzas. Célebres literatos, fueron bohemios de igual modo.

Según Murger, la mayor parte de los contemporáneos que ostentan los más hermosos blasones del arte han sido bohemios y, en su gloria tranquila y próspera, recuerdan con frecuencia, tal vez con amargura, el tiempo en que, mientras subían la verde colina de la juventud, no poseían fortuna; a la edad de los veinte años, poseyendo el valor, que es la virtud de los jóvenes, y la esperanza, que es el millón de los pobres. “La Bohemia es el examen de aptitud de la vida artística; es el prefacio de la Academia, del Hospital o de la Morgue” (ibid., p.16). Por lo demás, entre los miembros de la bohemia siempre existirán aquellos artistas jamás reconocidos, escritores cuyas obras puede que nunca sean leídas, los que, empero, siguen en dicha empresa por la pasión de transmitir aquello que sienten, que les duele, que aman, que disfrutan.

Hay diversos tipos de bohemia,que pueden verse en las historias del libro, tal como la bohemia ignorada, que es la más numerosa. Artistas pobres, condenados a vivir en el anonimato, puesto que no pueden o no saben hallar la más ínfima publicidad para atestiguar su existencia en el arte y probar con lo que son, lo que podrían ser mañana. Son obstinados soñadores, para quienes el arte es más bien fe que oficio, gente entusiasta, sensible, a quienes basta la vista de una obra maestra para causarles la fiebre y cuyo leal corazón late con violencia ante todo lo bello, sin siquiera saber el creador de tal proeza; viven, por decirlo así, al margen de la sociedad, en el aislamiento. Tiempo atrás existió un pequeño grupo de artistas, se llamaban a sí mismos “discípulos del arte por el arte”, y según ellos, su intención consistía en divinizarse entre sí, en no ayudar al azar que ni siquiera conocía su casa ni su causa, y esperar a que la suerte llegara por sí misma sin procurar buscarse el trabajo o la publicidad. No claman ni se lamentan, soportando el destino que ellos mismos se han impuesto.

En estas luchas del arte sucede algo parecido a la guerra: toda la gloria conquistada se concentra en el nombre de los jefes, el ejército se reparte como a recompensa las breves líneas de un orden del día y en cuanto a los soldados muertos en combate, se les entierra en el sitio donde cayeron, o se les entrega a sus familias con un solo epitafio que es suficiente para veinte mil muertos. “Los caminos del arte, tan llenos de obstáculos y de peligros, a pesar de los obstáculos y de los peligros, son de día en día más y más frecuentados, y por consiguiente nunca la Bohemia llegó a ser tan numerosa” (ibid., p. 19). “La Bohemia ignorada no es un camino, es un callejón sin salida” (ibid., p. 21).

Existe una variedad de bohemia, que podríamos llamar aficionados, quienes piensan en esta vida como algo seductor: no comer todos los días, acostarse en una habitación con goteras y no tener con qué cubrirse en invierno es para ellos la felicidad pura; dejar el hogar de la familia, correr las supuestas aventuras de una existencia azarosa, mas no tardan en abandonar la partida, puesto que no están acostumbrados a vivir al día, y en cuanto se aburren de ese estilo de vida, lo dejan y retoman los pasos que sus familias hubieran querido, o bien, mueren en el intento.

Llegamos ahora a la verdadera Bohemia, que la componen los que son verdaderamente llamados al arte, y tienen la verdadera predisposición de los atavíos que una vida sin dinero les acarreará, esta bohemia está como las otras, limitada por dos abismos: la miseria y la duda. Pero a pesar de ello siempre existe un camino que conduce a un término. Son la bohemia oficial, porque estos individuos en verdad se esfuerzan por llegar a los carteles, por entrar en el mercado literario y artístico a pesar de estar a precios moderados. Llegan a su objetivo (que está perfectamente determinado) por cualquier camino posible. Los bohemios saben sacar partido hasta  de los accidentes que se puedan presentar. Lluvia, tierra, sol, frío; nada los detiene para conseguir lo que quieren, puesto que sus vicios están forrados de virtud. Su espíritu está despierto de ambición, luchan sin descanso contra la necesidad, pero siempre está la mecha encendida por sus sueños.

Vida de paciencia, de entrega total a lo que se quiere sin errar y así, probablemente, se llegue a triunfar y pasar por el vestíbulo de la fama y del reconocimiento.

Bibliografía
MURGER, Henry, Escenas de la vida bohemia. 3a ed. Barcelona, F. Granada y Ca. Editores. 1907

Bibliografía sugerida
NARCÉS, Martin, Tartufo de Molière, en Proscritos.
Juan Jacobo Rousseau, en Mercabá.
Jean le Rond d’Alembert, en Wikipedia.

 

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Un comentario en “Escenas de la vida bohemia

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