La exoticidad del otro. Japón y el sumo (Parte 2 de 2)

La semana pasada publiqué en Callejero la primera parte de este artículo en la que cuento cómo tenemos etiquetados de exóticos a países como Japón y que en vez de tratar de comprenderlos como hombres en una situación distinta a la nuestra, con su propia historicidad, los vemos como extraños o ajenos. Para ejemplificar esta actitud, puse el ejemplo del Sumo, práctica japonesa que en apariencia es milenaria, exóticaextraña, para ello hice un recuento de los relatos japoneses en los que se habla del sumo y los puse en su justa dimensión histórica para ser mejor comprendidos. En la segunda parte de esté artículo concluiré viendo las connotaciones religiosas que se le han dado, los registros de los primeros combates y con una reflexión de cómo es vista esta práctica hoy en Japón y en el mundo.

history1Guttmann y Thomson también dicen que existe una relación entre el sumo y la religión pues se sabe que se practicó en ceremonias budistas y shintoistas. Un claro ejemplo es el karasu-zumo en el que jóvenes que representan al dios Takemikazuchi luchan contra otros jóvenes que representan lo mundano. Lo cual lo veo relacionado con el relato del Nihon Shoki.

Vale la pena mencionar que muchas interpretaciones coinciden en que el sumo tiene un origen religioso asociado a un ritual relacionado con agricultura. Sin embargo no veo que haya las fuentes suficientes y adecuadas para hacer tal afirmación.

Varias fuentes coinciden en que el primer combate que puede comprobarse históricamente fue en 642, cuando la Emperatriz Kogyoku hizo que sus guardias de palacio practicaran el sumo para entretener a los enviados de la Corte de Paekche de Corea. Y a decir de Sharnoff, citada por Coller, “La costumbre del “tenran-zumo” (Sumo en presencia imperial) se mantiene aún en el presente, aunque de forma diferente.”[1]

Me parece importante hacer notar las fechas pues primero se tiene el registro del combate (642) y hasta después (712-720) se hacen los relatos donde se habla del sumo como una práctica de muchos años atrás. Esto permite darnos cuenta que se trata de una tradición más bien inventada con diversos propósitos pues primero se desarrolla y hasta después se narra, pues la cerámica encontrada no es prueba fehaciente de la práctica del sumo.

La aparición de los textos míticos, el Kojiki y el Nihon Shoki coinciden con los primeros años del establecimiento de Nara como la capital. Este punto me parece fundamental pues tiene lógica que una vez establecido el poder en un lugar fijo, se elaboren textos que, por un lado legitimen el poder y por otro inculquen ciertos valores en la población. En los casos que ejemplifiqué vemos el uso del Sumo para estas dos funciones.

Vale la pena destacar que con esto podemos notar la historicidad del término y ver que su uso comienza en una época determinada y es parte de un proceso histórico no es nada arbitrario o coincidental.

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Conclusión

Existen diversos relatos japoneses de carácter mítico que mencionan la práctica del sumo. La más antigua de la que se tiene registro es en Kojiki donde se habla de una pelea entre Dioses que termina con el triunfo de Takemikazuchi quien toma el poder. El relato en el que se habla de una pelea entre humanos por primera vez, pero con un corte mítico es en el Nihon Shoki donde Nomi no Sukone se impone a un fanfarrón  con ello se le da el título de “Padre del Sumo.” Hay otros relatos míticos donde se habla de la práctica del Sumo pero es hasta 642 cuando se tiene registro de un combate ocurrido realmente.

El sumo es utilizado en los relatos míticos como medio legitimador o moralizante. Pero lo que me parece fundamental es comprender que los relatos en los que se hace mención del sumo son posteriores al registro del primer combate real. Y algo importante es que estos relatos surgen en los primeros años del establecimiento de la capital en Nara, por lo que resulta congruente que una vez establecida una capital y centralizando el poder, se creen relatos que busquen legitimar ese poder y además moralizar a los habitantes, y el sumo sirve como medio en el relato para estas funciones, que satisfacen intereses de los hombres en el poder.

Para concluir cito a Requena, quien refiriéndose al Kojiki nos dice:

De esta fusión más o menos armónica de tradiciones provienen, a su vez, una serie de valores espirituales, socioculturales y estéticos, que se incorporan a la cultura japonesa a través de los siglos y que se expresan por medio de la literatura, la historia, la religión y la filosofía, así como de las costumbres, las fiestas y las celebraciones de rituales que han mantenido su forma y su sentido inalterables hasta el presente. Muchos de estos valores, incluso los que nacen durante el primer período Yamato, son claramente reconocibles en la industrializada sociedad nipona del siglo XXI, aun cuando no siempre es posible identificar a ciencia cierta su origen, y siguen teniendo un lugar destacado en los géneros culturales más populares de la sociedad japonesa.[2]

Aunque no coincido con el autor cuando dice que permanecen inalterables, me parece importante mencionar la vigencia de algunas tradiciones hasta la civilización japonesa actual, tan tecnológicamente avanzada. El sumo no es la excepción, aunque creo, viendo la información que se maneja en internet, que ahora se juega con el etiquetar al Sumo como algo “milenario” y “tradicional” pero con el objetivo de venderlo como un atractivo turístico.

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Me parece importante destacar que el sumo o el uso del concepto no surgen de la noche a la mañana y no se puede encasillar como un deporte o una tradición milenaria. Es algo que tiene un proceso histórico detrás y es utilizado con ciertos fines por el hombre. Además de que no podemos dejar de lado que surge en un momento determinado lo que nos permite comprenderlo mejor en términos históricos.

Vale la pena insistir en la reflexión que hacía en la primera parte del artículo, respecto a comprender al otro en su dimensión y no etiquetarlo como exótico pues estoy seguro que muchas personas en el extranjero así nos ven, y uno como mexicano sabe que no es así, por ello deberíamos hacer el esfuerzo de entender a otras culturas como hombres en su propia dimensión histórica y ver que no son extraños o ajenos y que incluso, podemos aprender de ellos y podemos aprender a conocernos a nosotros mismos intentando comprender al otro.


[1] Requena Hidalgo, Cora, “La creación del mundo japonés: representaciones mitológicas y literarias en Kojiki”, en: Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de Madrid, No. 37, Noviembre 2007-Febrero 2008. (en línea)


[2] Ken Coller, Sumo FAQ, trad. Eduardo de Paz Gútiez, Seattle, 1996. (en línea)

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Un comentario en “La exoticidad del otro. Japón y el sumo (Parte 2 de 2)

  1. Yo creo que ha de pasar algo muy similar con la Lucha Libre de nuestro país. En series como “Las Aventuras de Jackie Chan”, juegos cómo Wackamelee o cómics como el número especial de Hellboy en Mexico dan ese toque de misticismo. Ya ni hablar de las películas del Santo. Esa ilusión de deportista y justiciero que no se quita la máscara ni para bañarse en una atmósfera de héroe que busca el honor y lucha por el bien y por su familia. (Insértese aquí escena en un pueblito mexicano con hartos cactus y se fondo música de trompetas apoteósicas ).

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