La Náusea de Jean Paul Sartre

“Estoy desechado, abandonado en el presente. En vano trato de alcanzar el pasado; no puedo escaparme”
-Jean Paul Sartre, La náusea

nausea

Jean Paul Sartre, nos narra una serie de acontecimientos cotidianos a modo de diario en su primera novela filosófica; iniciando la historia en primera persona desde el personaje de Roquentine, un ser totalmente hermético y ajeno al mundo, que únicamente se relaciona con su amigo autodidacta y rememora un antiguo amor con una mujer llamada Annie, que por diversos motivos que explica a lo largo de la novela, existe una relación enferma y dependiente de Roquentine hacia ella.

Roquentine es un ser que a pesar de estar fuera de la sociedad como tal, cualquiera puede identificarse, es un total sin sentido, una banalidad en la existencia, y sin embargo nos hace vivir el aquí y el ahora, “Me aferro a cada instante con toda el alma; sé que es único, irremplazable, y sin embargo no movería un dedo para impedir su aniquilación”. Siempre existe la pregunta ¿por qué?

Las reflexiones que hace en torno a todo lo que sucede a su alrededor nos dan una idea de la razón del mismo título, es una náusea hacia la cotidianeidad, hacia lo factible y real, la suciedad del mundo, no poder refugiarse en ninguna parte, en medio de un torbellino de bruma, en todas partes, en las banquetas, en las luces de las calles, en el humo, la náusea de todo aquello, unas ganas de vomitar y de ver en las personas solo sombras y matices; no existen fuerzas para padecer.

“Cuando uno vive, no sucede nada. Los decorados cambian, la gente entra y sale, eso es todo. Nunca hay comienzos. Los días se añaden a los días sin ton ni són, en una suma interminable y monótona.”

El pasado es algo que les pesa a todos, y Antoine Roquentine se encarga de recordarlo a cada minuto: “¿Dónde había de conservar yo el mío? Nadie se mete el pasado en el bolsillo; hay que tener una casa para acomodarlo. Mi cuerpo es lo único que poseo; un hombre solo, con su cuerpo, no puede detener los recuerdos; le pasan a través. No debería quejarme: sólo quise ser libre.”

Esa indiferencia total por lo que pueda sucederle en la vida, ese modo de suprimir todo lo que está establecido para la cortesía, todo lo que está establecido para las relaciones de los hombres entre sí, lo menciona como una manera de obligar a los interlocutores para permanecer en un engaño e invención sin sentido. Sin embargo, termina el libro con la esperanza de iniciar de nuevo, de renovarse, de la posibilidad de no caer en la rutina, de hacer lo que a uno le plazca en esta vida anónima y aleatoria.

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