La luz por la ventana

Para ti, Osiris García, que me recordaste la magia de la luz sobre los cuerpos, sobre mí, lo mucho que la disfruto por ser imperfecta, como tú.

Todos, absolutamente todos, hemos alguna vez hablado de la luz: que ya casi se vence el recibo y no lo pagamos, que el foco está ocasionando que la luz esté muy tenue, que los de Luz y Fuerza ya están manifestándose, que La luz es como el agua, que Luz, la vecina, ya se va a casar, y ¿cómo olvidarnos de esa luz, la del final del pasillo? así que, para todos, esto de la luz no es un tema desconocido, aún cuando quiera reducirse a los artistas. El otro día mientras platicaba con quien es mi cómplice de locuras, me di cuenta que nadie habla de la luz mágica, la que es natural, que siempre está y pocos aprovechan, me refiero a la luz por la ventana.

La luz por la ventana es la que nos espera al despertar e ilumina nuestras camas, recorre nuestros cuerpos, nos hace ver lo que la luna nos oculta; es como un amante, nos olvidamos de ella, pero cada vez que la necesitamos basta con abrir la ventana, permitir que entre y sea cómplice del arte.

En la fotografía, como en muchas otras ramas del arte, la luz es un complemento y aliado perfecto en la composición de la obra, pues nos permite obtener perspectivas, siluetas, profundidades diferentes de una misma pieza, y con ello lograr resultados extraordinarios. Muchos están en constante búsqueda de la luz perfecta, sin embargo, nada es perfecto (o al menos lo que yo disfruto). La luz llega así, sin buscarla… bueno, muchas veces si hay que buscarla un poco, porque también es celosa: se oculta, nos distrae o engaña (como toda una amante experta).

Podemos sentarnos en algún lugar y esperar a que la luz haga su trabajo o recurrir a técnicas diseñadas para aprovechar o crear la luz, que van desde poner tu mano (yo utilizo la derecha) a la altura de tu rostro a una distancia proporcional al ángulo del objetivo. Con esto verifico de dónde proviene la luz, para decidir qué exposición utilizaré en mi fotografía o dónde debo ubicarme para aprovechar la luz que necesito para la misma.

Otras técnicas son utilizar rebotes que nos permiten crear una pared, para que los rayos del sol reflejen en estos y la luz llegue directo al cuerpo o elemento deseado. Existen los blancos, negros, dorados, plateados, cada uno con una función distinta, ya sea sólo reflejar la luz, crear un efecto de calor (que la fotografía se vea medio rosa), que los cuerpos se vean con más profundidad, etc.; con ello se logran un sin fin de técnicas para lograr encontrar la luz, pero en ninguna de las que he utilizado en mis sesiones fotográficas he descubierto la forma de entenderla, de poder sentirla, de permitir que sea ella la que decida qué hacer conmigo y no yo con ella. El arte se siente, se disfruta, y pocas veces se entiende, es por esto que tal vez me lleve muy bien con la luz mágica.

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