El dichoso Congreso Popular

El día 5 de febrero pasado, se instaló en la Ciudad de México (en el Monumento a la Revolución) el llamado Congreso Popular, el cual es una iniciativa promovida por diversas personalidades, entre las que destacan Paco Ignacio Taibo II, Damián Alcázar, Elena Poniatowska y John Ackerman. Dicho Congreso es, según sus organizadores, una reacción ante la falsa democracia en la que vivimos, donde la ingobernabilidad y la corrupción son nuestro pan de cada día. Tiene la finalidad de buscar revocar a través de un decreto las reformas que se hicieron recientemente a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (en adelante CPEUM) y organizar acciones de resistencia civil pacífica a realizarse el día 18 de marzo del año en curso.

El pleno del Congreso ya aprobó la iniciativa de decreto que revoca las reformas antes mencionadas. Dicho documento fue escrito por los organizadores del evento y más que nada consiste en una exposición de motivos (con recuento histórico y todo) y una pocas lineas del decreto en sí. En dicha exposición de motivos se exponen varios argumentos para justificar la decisión de Honorable Congreso Popular de revocar las reformas. Mencionaré sólo algunas de ellas con su respectiva crítica.

En primer lugar se menciona que las reformas tuvieron por objeto modificar aspectos que “representan el cambio de una decisión fundamental que ha definido nuestro pacto social durante el último siglo”. Por esa razón, modificaciones de este tipo sólo competen a un Congreso originario y no al Constituyente Permanente. Me parece en resumidas cuentas que este argumento carece de todo sentido práctico. No hay, hasta donde yo sé, norma ni experiencia histórica donde algún estado haya revocado reformas a su ley fundamental por el hecho de que represente una decisión fundamental que haya definido su pacto social. Es más, aun cuando se le quiera dar esa significación a un hecho histórico, dicha interpretación estaría sujeta a distintas objeciones. No hay nada que nos diga que eso deba ser así.

Por otro lado (en un artículo anterior ya comenté algo respecto al llamado “pacto social” pero no está demás repetirlo), Bobbio menciona acertadamente que el dichoso contrato social es sólo una ficción para justificar los derechos fundamentales de los individuos. No existe ningún referente histórico de él y, de igual manera, si alguien quisiera dar esa significación a nuestra Constitución, también tendría que enfrentar las más variadas objeciones.

Finalmente, en dicha iniciativa se habla de la falsa democracia en la que vivimos, donde las decisiones son tomadas a puerta cerrada por unos cuantos. Ante las acciones del Congreso Popular cabe mencionar: ¿De verdad son incluyentes? ¿Cómo es que en un Congreso Popular se aprueba por unanimidad una revocación a reformas que son apoyadas por varios ciudadanos? Eso sólo habla de falta de pluralidad (retratada desde la convocatoria misma al evento).

Me parece que el Congreso Popular es una iniciativa un tanto contradictoria, pues tras elaborarse una convocatoria, redactar una iniciativa, deliberar y votar la iniciativa, uno de los participantes, Manuel Feregrino, dijo que no se está promoviendo un Congreso legítimo, sólo se pretende abrir los micrófonos y extender la invitación a todo el que quiera participar. Entonces ¿para qué tanto show? Tal vez nunca lo sabremos.

Las dudas respecto a este movimiento sólo aumentan con las escuetas noticias que se dan sobre él. Para sorpresa de quien esto escribe, el tema casi no ha sido tocado en las distintas redes sociales.

Me parece que es un tema al que hay que estar atento, para ver si se aclaran nuestras dudas, pues a mi parecer, esto no trascenderá.

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