El papel del profesor

¿Cómo debe ser el profesor? ¿Cómo debe formar a sus alumnos? ¿Debe ser un técnico o un intelectual? ¿Cuál es su papel para-con la sociedad? Este artículo surge a partir de la lectura del texto Los profesores como intelectuales transformativos del profesor estadounidense Henry A. Giroux, conocido por ser uno de los fundadores de la corriente de la pedagogía crítica. Dicho texto es sólo un capítulo del libro del mismo autor titulado Los Profesores como Intelectuales: Hacia una pedagogía crítica del aprendizaje (editorial Paidós). No quiero dejar de mencionar que aquí retomaré algunas ideas del Dr. Sebastián Plá, con las que coincido.

Vale la pena poner en contexto la obra de Giroux y mencionar que surge como respuesta a las reformas educativas promovidas en Estados Unidos a finales de los años ochenta por el entonces presidente Ronald Reagan, en las que entre otras cosas, existe un nuevo concepto de profesor. Giroux considera que se ve al profesor como un técnico o un mero servidor público, cuya función es seguir al pie de la letra un programa hecho por expertos y que no debe ir más allá. Es decir, el profesor se vuelve simplemente un transmisor de lo propuesto por el Estado.

El texto de Giroux sigue teniendo una importante vigencia, sobre todo en nuestro país en el que hace unos meses fue aprobada la Reforma Educativa, en la que ocurre parte de lo que dice Giroux: Asociaciones civiles, legisladores y expertos planean una reforma en la que no se le pregunta al profesor su opinión. Porque debemos tomar en cuenta que puede que en el papel suene bien y tenga lógica, pero la realidad en el aula es muy distinta, y el problema está en que muchas veces la realidad escolar supera a lo planteado en el programa.

Otro problema que trae este tipo de políticas educativas es que el profesor comienza a perder su liderazgo y su papel social. Pues ya no debe pensar pues esa tarea la han hecho otros y sólo debe seguir un programa. Además ya no puede preocuparse por cosas más allá de lo que establece el programa, lo que se convierte en un círculo vicioso pues si no existe la confianza en el profesor para que este participe en el diseño del sistema educativo, éste pierde interés en su trabajo. Con esto llegamos a grados extremos en los que, por ejemplo, vale más lo que diga el resultado de la prueba Enlace que el contacto del profesor con el alumno.

Estando en este punto, es donde cobra importancia la propuesta de Giroux pues reacciona en contra de este profesor técnico y propone que el profesor debe ser un intelectual transformativo que combina “la reflexión y la práctica académica con el fin de educar a los estudiantes para que sean ciudadanos reflexivos y activos” (Arthur Giroux, Los profesores como intelectuales transformativos, en Profesión Docente, no. 15, diciembre 2001), pues, como menciona, es importante tener en cuenta y hacer notar a los estudiantes que toda actividad humana implica una forma de pensamiento y por ello debemos buscar conjuntar pensamiento y práctica, y sobre todo crear un lenguaje donde se haga crítica pero conjugada con la posibilidad.

Surge aquí la posibilidad de que el profesor sea un intelectual dentro del mismo sistema, pues si bien puede cubrir con el programa  puede darle un enfoque más crítico, por ejemplo, hacer notar que no existe una sola versión de la historia de México, sino que hay más posibilidades y que no debemos conformarnos con una versión única, pues esto puede pasar del aula a la vida cotidiana. Giroux sugiere también que se le haga ver al estudiante la desesperanza como algo poco convincente y la esperanza como algo práctico.

La lectura del texto de Giroux da pie a hacernos una importante pregunta: ¿para qué sirve la educación? Es común escuchar a personas que afirman que la educación nos sacará adelante o que es la base de una sociedad. Pero vale la pena detenerse y preguntar si debe haber una imposición de conocimientos válidos que todo ciudadano debe conocer, o si es posible y correcto que cada profesor elija qué enseñar dependiendo su contexto. Lo que a mí me parece muy importante es el fomentar un pensamiento crítico al alumno, haciéndole ver que no hay verdades absolutas.

Por supuesto que a un estado no le conviene pagar a profesores para que lo desprestigien o cuestionen y que hagan generaciones de gente crítica, por ello será difícil ver un sistema educativo con tales características. Sin embargo considero que el profesor puede actuar no como un mero técnico, repetidor de contenidos, sino un intelectual que piensa y fomenta el pensamiento crítico a sus alumnos, aún dentro del sistema educativo y con el cumplimiento de los programas establecidos. Claro que la decisión está en cada profesor.

Finalizo reiterando mi amplia recomendación de leer el texto de Giroux, pues estemos o no de acuerdo con parte o con todo lo planteado, da pie a reflexionar sobre un tema muy importante para una sociedad: la educación.

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2 comentarios en “El papel del profesor

  1. Desde que publicaron el artículo he querido dejar mi comentario, siempre se me olvida… Hoy mientras revisaba lo nuevo en la revista recordé que había dejado esto pendiente desde hace mucho. No tengo mucho que comentar sobre mí, estudio para en un futuro ser maestra en la materia de Español, tarde en decidir en qué deseaba estudiar, para qué deseaba emplear mi tiempo, mente, energías y corazón, al final y gracias a un comentario inocente de mi madre decidí convertirme en maestra.
    Gracias a eso ha cambiado mucho mi manera de pensar y también la forma de ver a los maestros, profesores o como se les dice ahora facilitadores y concuerdo en que ahora a los docentes se les obliga a realizar sus clases (sesiones) siguiendo precisamente el “Programa de estudio 2011”, volviéndose repetitivo, monótono, sin voz u opinión y logrando, como tú mencionas, que pierda el interés además de que ya no tiene una buena imagen ante la sociedad.

    Aunque aquí debo poner un pero, ya que esto ocurre, es real, pero no siempre, he conocido a maestros y maestras que mencionan el uso de dicho documento, el Programa de estudio, y su resultado, la planeación, como una base para realizar sus clases pero sin ser estos lo único utilizado en el salón de clases. Explicando que realmente todo es algo burocrático y lo consideran molesto ya que no se les permite actuar voluntad, ser flexibles con su tiempo en clase, preocuparse por sus alumnos y darles mejores técnicas de enseñanza-aprendizaje, teniendo en cuenta que un maestro enseñe a tres grupos, o más, integrados con treinta alumnos, por no mencionar cincuenta; todos ellos con necesidades distintas.

    Y es verdad, tristemente sucede lo contrario a lo que menciona Silvia Shmelkes en “Calidad de educación y gestión escolar”, pues las decisiones organizativas se toman antes de las decisiones pedagógicas. Sin preguntar al maestro si considera correcto, o no, los cambios aunque bien, los buenos maestros, aquellos que deciden enseñar y aprender de sus alumnos, sin darse por vencidos ante tantos obstáculos administrativos, burocráticos, sociales y demás, ellos deciden hacer algo distinto, innovar y motivar a sus alumnos, realizar trabajo cooperativo con sus compañeros y extender su tiempo de enseñanza en sus momentos de respiro para que sus alumnos, sean niños pequeños, preadolescentes, adolescentes o jóvenes adultos tengan las armas necesarias para su vida y no me refiero únicamente a conocimientos, sino a lo que has mencionado, el poder de la crítica, la reflexión, la creatividad, la empatía y los valores.

    Personalmente he vivido y probado muy poco del verdadero ambiente en el que laboraré aunque no pierdo la esperanza y visión de ser capaz de otorgar algo a los jóvenes con los que trabaje y conviva, de acercarlos a la lectura, de hacerles críticos, que sean capaces de preguntar el por qué de las cosas o su función, de no quedarse callados y expresarse con propiedad, que no tengan miedo de alzar la voz por lo correcto y ayudar a otros siendo compañeros, amigos o desconocidos. Concluyó repitiendo que es verdad, hay maestros de todo tipo, pero sin duda alguna, aquellos que amen su trabajo, los que desean una mejora en sus alumnos y en sí mismos, motivándoles con palabras, con frases de afecto, innovando con dinámicas y técnicas distintas, ellos lograrán ser, sin duda alguna, lo que has llamado “Profesor intelectual”.

    • Hola Karen. Muchas gracias por tu comentario, me parece excelente que alguien que está más cercano al tema que expongo, pueda complementar mis ideas. Me entusiasma ver que hay gente como tú, que con un amor a la docencia, están dispuestos a dejar huella y tomarse en serio su papel de profesor y no conformarse con seguir un programa a secas con los riesgos y problemas que esto implica como lo comento en el artículo.

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