Breve crítica a “La potencia soberana de las autodefensas”

El día viernes 24 de enero de 2014, se publicó en el diario La Jornada un artículo que lleva por título La potencia soberana de las autodefensas, escrito por Bernardo Cortés Márquez. El artículo inmediatamente llamó mi atención por el afán que perseguía el autor: justificar la existencia de las autodefensas. La tesis del artículo, a mí parecer, radica en que el pueblo puede retomar (“expropiar” es la palabra usada en el texto) las facultades o las potencias que el Estado o gobierno haya dejado de cumplir cabalmente. En el caso de las autodefensas, la aplicación de este enunciado resulta evidente: El estado de Michoacán ha fracasado, por diversas razones, en la tarea de procurar la seguridad de sus habitantes. En este escenario, el pueblo puede retomar esta facultad y hacer cumplir el derecho y la ley por mano propia. Siguiendo este razonamiento, las autodefensas no sólo son legítimas sino también legales, siendo ellas quienes cumplen el derecho y la ley. Cuando el pueblo retoma las facultades, lo que en realidad hace es retomar la soberanía que dio originalmente al Estado. En el artículo se cita claramente al artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (en adelante CPEUM) como sustento para esta “expropiación” de la facultad otorgada. Siendo este el argumento dado para justificar la existencia de las autodefensas, aquí viene la crítica.

Para empezar, veamos lo relativo a la expropiación de la facultad que el pueblo otorga al gobierno. Desde que Hobbes, Locke y Rosseau estructuraron las llamas teorías contractualistas, varios teóricos posteriores comenzaron por interpretar el contenido y el sentido del supuesto contrato social a usanza de los tres pensadores que le dieron vida. El resultado muchas veces me parece disparatado, aunque entre los críticos de estas ideas hay algunos (como Bobbio en Liberalismo y Democracia) que me parecen acertados. El contrato social para estos críticos certeros nunca existió, no tiene ningún referente histórico. Es sólo una especie de ficción inventada para fundamentar los derechos individuales y la soberanía popular. Tal es la ficción que yo no recuerdo (como seguramente ninguno de ustedes lo hace) haber otorgado facultades sobre mi persona al Estado. Desde que nací, él las tenía y ya. Una explicación de ello requiere un gran volumen, por lo que es una explicación que no daremos aquí.

Aunque imaginemos que ese otorgamiento de facultades efectivamente se realizó y que el contrato social es una realidad histórica, eso no basta para justificar la expropiación de la facultad en el caso específico de México, pues el artículo 39 de la CPEUM nunca habla de retomar la soberanía dada al gobierno. Habrá quien diga que esto se entiende cuando el artículo 39 habla del derecho del pueblo a modificar la forma de gobierno, pero, para empezar, nunca está claro el cómo se ha de realizar esa modificación, y aun cuando lo estuviera, no hay forma de gobierno conocida donde todo el pueblo sea a la vez titular de la soberanía y encargado de ejercerla (Veáse: Sartori, ¿Qué es la democracia?).

Finamente, afirmo (por muy iuspositivista que suene) que lo enunciado arriba son únicamente teorías que chocan en varios puntos con el derecho vigente en nuestro país, pues pese a que se salven las excepciones anteriores, las autodefensas seguirían violando el artículo 17 de la CPEUM; por lo tanto, las autodefensas son, en todo caso, ilegales. Para concluir cabe hacer una aclaración: yo creo que cualquiera que esté expuesto a la situación de nuestros paisanos en Michoacán haría lo mismo. Es decir, si violan a mi esposa y a mi hija, y estamos en constante peligro de ser asesinados a sangre fría, yo también tomaría las armas en defensa de mi hogar. Creo que todos entendemos la horrible situación de hecho que dio lugar al surgimiento de las autodefensas, pero no hay que confundirnos. Tanto unos como otros están infringiendo la ley y el camino no es, de ningún modo, legitimar y legalizar a las autodefensas, pues a la larga pueden constituir un peligro para aquellos a quienes ahora buscan proteger ¡No! Se tiene que reconocer la violación a la ley que comenten las autodefensas para poder defender a sus integrantes con buenos argumentos jurídicos y evitar que se castigue a quien sólo buscaba defender a su hogar y a su familia. Asumir la situación real en la que se encuentran los grupos de autodefensa es la mejor forma de defender a sus integrantes, y esa situación es la ilegalidad. Si se busca legitimarlos e incluso legalizarlos se crearían más problemas de los que actualmente hay.

Cuando todo haya terminado, desde mi punto de vista, la situación de los miembros de las autodefensas se resolverá a través de un acuerdo político fundamentado (bien o mal, eso no importa muchas veces en nuestro país) en nuestro derecho.

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3 comentarios en “Breve crítica a “La potencia soberana de las autodefensas”

  1. Pingback: El dichoso Congreso Popular | Callejero

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