La belleza no está en el cursor de photoshop

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Ayer se publicaba en el excelente blog Vecindad Gráfica una pequeña muestra de la protesta artística que el portugués-alemán Daniel Soares llevó a cabo a mitades del año pasado en las calles de Hamburgo. Como se puede apreciar en la imagen que encabeza este artículo, Soares se dedicó a pegar una imagen con la barra de herramientas de photoshop en los anuncios de la marca H&M para criticar la forma en que esta compañía vende una imagen falsa en su publicidad. Este tipo de campañas no es nada nuevo, la empresa Dove lleva varios años promoviendo la belleza real y evidenciando la forma en que las herramientas de retoque fotográfico afectan la percepción de belleza en sus campañas (Evolution y Photoshop Action son dos ejemplos que tratan sobre el tema de photoshop, pero otros como Real Beauty Sketches hablan directamente de la percepción de la belleza).

Todos sabemos que lo que hoy consideramos bello no es necesariamente lo mismo que en el pasado se consideraba como tal. Esto es debido a que la belleza es una construcción social que evoluciona a la par que las diversas comunidades humanas comienzan a apreciar ciertos atributos por encima de otros. Lo mismo ocurre con la apariencia física de los integrantes de dichas comunidades. Para los mayas antiguos, la belleza se encontraba en la deformación del cráneo; para los Karen de Birmania, lo bello es el largo cuello de las padaung o mujeres de cuello largo; para el mundo occidental de la primera parte del siglo XX, no era poco común que las mujeres en los anuncios comerciales estuvieran dotadas de unas sugerentes caderas y amplio busto. Los que nacimos después del surgimiento de las supermodelos de pasarela recordaremos claramente una infinidad de campañas en contra de la bulimia y la anorexia, enfermedades que en tiempos pasados eran bastante poco comunes y que no formaban parte del léxico cotidiano del mexicano promedio, pero que sin embargo empezaron a capturar cada vez más la atención del público. Desde los años sesentas se había venido dando un cambio paulatino de los cánones de belleza en el mundo occidental, con Estados Unidos siendo la vanguardia en este proceso, en donde se dejó de apreciar la voluptuosidad femenina como una característica deseable, y fue reemplazada por delgados cuerpos, pómulos marcados y extremidades famélicas. Para emular a las modelos que cubrían las revistas de moda, muchas jóvenes empezaron a recurrir a métodos poco ortodoxos y en muchos casos peligrosos: automedicación con drogas para la reducción de peso u otras que tuvieran como efecto secundario la disminución del mismo, dietas bajas en calorías y ejercicios extenuantes, intervenciones quirúrgicas como el bypass gástrico y la liposucción, y, por supuesto, la bulimia y la anorexia.

Pintura al óleo de Sonya A. Novosolov

Cualquier diseñador gráfico sabe que photoshop es una herramienta de trabajo básica y de un poder impresionante. También sabrá cualquier diseñador que haya trabajado en una publicación impresa o digital, que el retoque de fotografías es en muchos casos necesario para crear el efecto que se desea en el lector. El problema surge cuando el trabajo de un diseñador se hace pasar como una representación fiel de la realidad. Las revistas femeninas son especialmente culpables de esto, pues presentan a la figura femenina como un objeto perfecto al cual las mujeres del común deben aspirar y los hombres perseguir. El poder que los medios tienen en la sociedad y en los individuos que la conforman no puede ser desestimado, sobre todo cuando la sociedad misma le da una importancia tan grande a las opiniones que los medios hacen públicas. El reciente caso de Lena Dunham en la revista Vogue muestra cómo hasta los cambios más pequeños y aparentemente insignificantes en una fotografía pueden alterar completamente lo que uno percibe, pero si tomamos en cuenta que la mayoría de lo que tomamos como belleza es creado en una computadora, entonces podemos darnos cuenta del alcance de esta problemática.

Los diseñadores gráficos, fotógrafos y editores de publicaciones, como creadores de los contenidos en los que la percepción de la realidad se basa, tienen una gran responsabilidad en esto, pero el público debe aprender que la belleza no está en las páginas de una revista o la lente de una cámara, y que no debemos medirnos con las escalas que otros nos presentan ¿por qué perdonar a una revista cuando editan una fotografía hasta el punto de que la modelo resulta irreconocible, pero no hacemos lo mismo cuando un fotógrafo realiza un cambio aparentemente insignificante en una fotografía que le hizo ganar el Pulitzer?

Actualmente vivimos un nuevo proceso de cambio en los cánones de belleza. De nuevo vemos a mujeres voluptuosas en portadas de revistas (como la maravillosa Christina Hendricks), hay cada vez un menor interés por la apariencia ultradelgada de las supermodelos de pasarela (también se han aprobado leyes que regulan el peso de las modelos) e incluso las tiendas departamentales parecen estar cambiando la forma en que los maniquíes representan la figura femenina. Pero, a pesar de todos estos cambios (que considero son beneficiosos), se sigue obligando a la mujer a ceñirse a ideales imposibles de belleza. El futuro parece ser prometedor, pero el responsabilidad de todos que este tipo de problemáticas cesen.

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